Errores y Defectos
en la Numismática Antigua (Parte V-I)

 

Portada: Introducción
Parte I: Errores de diseño
Parte II: Errores y defectos propios del cuño
Parte III: Defectos en el cospel
Parte IV-I:  Errores y defectos durante la acuñación (I)
Parte IV-II:  Errores y defectos durante la acuñación (II)
Parte V-I: Daños después de la acuñación (I)
Parte V-II: Daños después de la acuñación (II)

 


 

 

Parte V-I
Daños causados después de la acuñación (I)

En esta quinta y última parte del artículo se tratan las diversas manipulaciones a las que -en ocasiones- son sometidas las monedas después de su acuñación.

Dada su obviedad, no tendré en cuenta los daños naturales causados por la corrosión o la cristalización, ni por la rotura accidental o el desgaste del uso. Tampoco trataré los daños causados por la limpieza inadecuada o el añadido de una pátina artificial, ver: ¿Restauración o fraude?

Además, no considero propiamente como "daño" las antiguas marcas de prueba, las contramarcas, las reacuñaciones, ni las monedas con "Damnatio Memoriae". Ver: "Marcas, contramarcas y reacuñaciones en las monedas de la Antigüedad 1 - 2".

- Monedas agujereadas
- Monedas recortadas
- Ajustes de peso

Nota) ver las imágenes ampliadas haciendo clic sobre ellas.

 

Monedas agujereadas - Holed coins

Agujerear las monedas debió de ser una costumbre muy extendida en el mundo antiguo, a juzgar por los numerosos ejemplares de todas las culturas que nos han llegado hasta nuestros tiempos. La moneda no solo fue utilizada como medio de cambio y de reserva de riqueza, sino que podía ser un objeto apreciado, constituir un símbolo social y en ocasiones pudo pasar a formar parte de los ritos religiosos.

Además de ser un método muy utilizado para identificar las monedas de oro o plata forradas (falsas), las razones que tuvieron en la antigüedad para horadar las monedas son muy variadas, pero no son lejanas a las que seguimos teniendo hoy en día con algunos objetos como las medallas religiosas. Las monedas taladradas debieron de servir en ocasiones como adorno o talismán, así como de símbolo de identificación con alguna persona, divinidad o grupo.

En la antigüedad, las monedas eran agujereadas -fundamentalmente- por alguna de estas razones:

  • Para comprobar la pureza del metal, para ver si eran falsificaciones (monedas forradas).

  • Para utilizarlas como adorno o símbolo de distinción, a la vez que como talismán, a modo de amuleto protector, dada su simbología de especial significado social, religioso, militar, etc., o por ser identificativas de un grupo social o un pueblo, e incluso por ser monedas exóticas (no frecuentes en la zona). Esto se podía llevar a cabo luciendo varias monedas agujereadas unidas entre sí a modo de collar o brazalete, o más frecuentemente colgando una sola moneda agujereada del cuello para mostrar la adhesión a un personaje (emperador, etc.), también para festejar la victoria o desear el triunfo ante un enemigo, o incluso para lo contrario (?), para proclamar el odio o desear mala fortuna al emperador, (en este caso se supone que se colocaba la moneda al revés o se agujereaba el rostro). Otras veces se cosían como adorno personal en el ropaje, y en ocasiones se clavaban en puertas, muebles o estandartes.

  • Para poder unir las monedas evitando pérdidas en el transporte o facilitando su almacenamiento, taladrándolas y colocándolas en una fíbula o cordón.

  • Por último, la hipótesis más poética: "Para pagar al barquero". La inveterada costumbre, que perduró hasta la Edad Media y denominamos "óbolo de Caronte", por la cual los muertos eran enterrados con una moneda en la boca o bien atada al cuello, al brazo o los dientes, facilitando de esa forma que Caronte (el ancestral barquero que los trasladaría del reino de los vivos al de los muertos) pudiera cobrarse sus servicios, y que los difuntos continuaran felizmente su viaje hacia el Elíseo (Cielo) o el Tártaro (Infierno). Ver un curioso  mapa del "viaje de ultratumba".

Como se verá a continuación, agujereaban monedas de todo tipo de tamaños y también de todos los metales (oro, plata, bronce y plomo).

Lo normal era hacer un solo taladro en la parte adecuada de la moneda, dependiendo de la cara o motivo que se pretendiera resaltar, pero otras veces, se hacían varios agujeros para asegurar su sujeción. Estos agujeros, que desde luego deprecian grandemente la moneda en el mercado numismático, se ven a menudo en todo tipo de monedas antiguas, lo cual suele ser aprovechado por los coleccionistas que buscan estas curiosidades.

En los ejemplos mostrados podemos ver diversos tipos de monedas horadadas en la antigüedad.

Moneda de oro con agujero
Holed coin

Moneda acuñada entre los años 221-218 a.C. en ceca desconocida del sur peninsular, o posiblemente en el Norte de África (Carthago, 220-210 a.C.). Se trata de un 3/8 de shekel (2,85 g) y el lugar elegido para la perforación parece indicar que ésta se efectuó de forma cuidadosa con el objeto de lucir la moneda colgada, posiblemente dejando ver el lado del caballo, que es por donde se efectuó el agujero.

Pequeñas monedas de plata agujereadas
Holed coins

Doce trihemióbolos de Thasos (Tracia), pequeñas monedas de plata de alrededor de un gramo y 11-13 mm, que fueron acuñadas en la primera mitad del siglo IV a.C.
Los agujeros están hechos sin ningún orden aparente, las posiciones son muy variadas, algunos orificios fueron hechos atravesando desde el anverso hacia reverso y otros al contrario.
El hecho de que uno de los agujeros esté mal hecho (y que no exista un segundo orificio para subsanarlo) parece indicar que no pudieron ser engarzadas por un cordón para su transporte o para servir de collar u otra clase de adorno. En este caso la hipótesis de algún tipo de rito religioso parece la más adecuada.

Pequeñas monedas de plata agujereadas
Holed coins

A la izquierda tritartemorión ibérico de imitación emporitana (Hispania, siglo III a.C.) y a derecha trihemióbolo de Eion (Macedonia, principios del siglo V a.C.)
Los agujeros están en una posición que no servirían para colgarlas adecuadamente a modo de adorno, sin embargo están hechos de forma cuidadosa, parece que evitando dañar algún motivo. El pequeño tamaño de estas monedas sugiere que se agujerearon para colocarlas en un cordón o fíbula, facilitando de este modo su transporte.

Denarios agujereados
Holed coins

Denario ibérico acuñado en Sekaisa (Hispania Citerior) a mediados del siglo II a.C. El taladro se efectuó desde el anverso y desafortunadamente atravesó en la cabeza del jinete del reverso. El denario de Julio César (49-48 a.C.) de la derecha presenta un agujero hecho cuidadosamente para no dañar el elefante africano del reverso.
Si ninguna de estas monedas es forrada ¿por qué hicieron estos taladros? Desde luego el elefante debía de resultar atrayente y seguramente lo hicieron para lucir este temible animal como colgante.

El ejemplar de Sekaisa mostrado procede del tesoro de Salvacañete (Cuenca), en el que predominan los denarios de Bolskan, siendo lo más llamativo de este hallazgo que casi la tercera parte de los denarios aparecieron perforados. Este es el único denario ibérico conocido con la leona (o lobo?) en el anverso y forma parte de la colección del Instituto de Valencia de Don Juan (Madrid). La composición del tesorillo de Salvacañete, que incluye más de un centenar de objetos de plata junto con abundantes monedas perforadas, ha hecho sospechar un carácter votivo (religioso) y su posible vinculación a un lugar sagrado; pero también podría ser que estas monedas hubieran estado engarzadas en un cordón, tal vez formando parte de un collar o proviniendo de un pago recibido.

Silicuas agujereadas
Holed coins

A la izquierda silicua de Valentiniano I (Tesalónica / Macedonia, 364-367 d.C.) con un agujero que está en una posición muy adecuada para poder colgar la moneda.
A la derecha silicua de Constancio II (Sirmium / Pannonia Inferior, 355-360 d.C.) que muestra dos agujeros, evidentemente el primero les salió mal.
Los agujeros en las silicuas parecen ser más frecuentes que en otras monedas, desde luego su pequeño grosor facilitaba la tarea.

Grandes monedas de bronce agujereadas
Holed coins

A la izquierda Aes Grave (Roma, 215-212 a.C.), enorme moneda de bronce de 40 mm y 67 g. A la derecha gran bronce provincial de 38 mm y 26,48 g, acuñado en Cilicia en tiempos de Alejandro Severo (Tarso, 222-235 d.C.), en el que se observa un agujero que ha sido tapado recientemente en un intento de revalorizar la moneda, aunque estas manipulaciones suelen ser descubiertas fácilmente y realmente deprecian la moneda.
Dado el grosor y tamaño de estas grandes monedas de bronce, no debió de resultar sencillo hacer esos agujeros. Curiosamente, aunque separadas en el tiempo más de cuatro siglos, la motivación debió de ser la misma en ambos casos, consiguieron horadarlas en el lugar adecuado, muy posiblemente para ser utilizadas como colgantes.

Moneda de bronce con un agujero en la parte inferior

La hipótesis mencionada anteriormente: "... colgándose una moneda con la efigie del emperador boca abajo se le mostraba odio o deseaba mala suerte", me parece muy improbable en el caso aquí presentado. Una moneda de Augusto acuñada en la ciudad que él mismo fundó para los veteranos de las legiones hispanas, no parece un lugar muy adecuado para que, en tiempos de paz, el emperador tuviera muchos enemigos, y menos aún, para que alguien se atreviera a proclamar abiertamente tal cosa.

Seguramente fue otra la razón por la que hicieron el agujero en la parte inferior de este dupondio de Emerita Augusta (25-23 a.C.), ya que si se colgaban esta moneda, tanto anverso como reverso aparecerían "boca abajo".

Monedas provinciales de bronce con agujero central
Provincial holed coins

A menudo nos encontramos un agujero perfectamente centrado como el de estos bronces provinciales de Tiberio (Bilbilis) y Gordiano III (Thessalonica). Son monedas de tamaño considerable (26-28 mm), sus cecas estaban separadas miles de km entre sí y fueron acuñadas en siglos distintos. Sin embargo, ambos ejemplares tienen en común ese agujero central.

En estos caso no parece que hicieran los agujeros para lucir las monedas colgadas, sino para sujetarlas de alguna forma en los ropajes o correajes.

Monedas con bronce con curiosos agujeros

A la izquierda tenemos un as provincial de Tiberio, acuñado en Calagurris (17-34 d.C.), con un extraño orificio que se asemeja al contorno de la típica contramarca de "cabeza de águila" que figura en el anverso de esta misma moneda. Desde luego no acierto a imaginar para que hicieron tal cosa. Diríase que alguien estaba aburrido y se entretuvo en agujerear laboriosamente esta moneda con esa forma tan inusual.

Mucho más fácil de explicar es el agujero de otra moneda. Se trata de un centenional de Magnencio (Treveri, 351-351 d.C.) que cuidadosamente agujerearon, entiendo que para lucir el crismón colgado.

Monedas con agujeros cuadrados

Los agujeros no tienen porque ser redondos.

Este denario republicano de mediados del siglo II a.C. y el as de Agrippa de principios del siglo I d.C., demuestran que a la hora de agujerear monedas usaban distintas herramientas y obtenían diferentes resultados. En este caso no debieron de utilizar un simple clavo de perfil cuadrado, ya que las monedas no están deformadas ni rotas. Entonces, ¿cómo lo hicieron?... No lo sé, yo lo desconozco.

Monedas con agujero sin completar

Se trata de cuatro monedas de Hispania de diferentes épocas pero con algo en común, que todas ellas tienen un agujero iniciado y sin completar.

La primera imagen (arriba, a la izquierda) muestra un cuarto de Arse de mediados del siglo II a.C. A la derecha tenemos un as de Bilbilis de tiempos de Augusto (2 a.C. - 14 d.C.). Abajo, a la izquierda vemos el anverso de un as ibérico de Konterbia Karbica (principios del siglo I a.C.) y a la derecha el reverso de un as hispanorromano de Augusto acuñado en Carthago Nova (c. 13 a.C.)

Entre estas monedas hay más de un siglo, sin embargo los agujeros parecen de similares características. Son claramente marcas realizadas en su época y parece que estuvieran hechas rotando algún objeto punzante, puesto que en todos los casos la otra cara de la moneda ha permanecido intacta, sin deformación alguna.
Pero ¿por qué? ¿Para qué lo hicieron? Pues lo siento, no tengo ni idea. Lo único que tengo claro es que no resulta infrecuente encontrar este tipo de marcas en las monedas de la Antigua Hispania.

Plomos monetiformes con agujeros

Plomos monetiformes  (téseras monetales) de las denominadas "series mineras", emitidos en el sur de la península Ibérica entre los siglos II  y I a.C., imitando las monedas de Hispania Ulterior. La tipología del primer plomo parece ser de Carbula y la del segundo recuerda claramente a Malaca. Desconozco los datos plomo de la izquierda, pero el de la derecha tiene 25 mm y pesa 20,67 g.

Desconozco qué razones pudieron tener en su día para hacer estos agujeros a unas gastadas piezas de plomo, a unos objetos que mal podrían servir de adorno o amuleto.

Moneda forrada/dorada con agujero
Holed coin

Moneda falsa de la época de 27-29 mm y 4,41 g, que corresponde al histamenon nomisma escifulado de oro, acuñado entre los años 1071-1078 en la ceca de Constantinopla, durante el reinado de Miguel VII Ducas.
El agujero se efectuó desde el reverso y el lugar elegido para la perforación parece indicar que se hizo de forma cuidadosa para lucir la moneda colgada. En ese caso... ¡buena sorpresa debieron darse al descubrir que la moneda era forrada! Aunque, tal vez ya sospechaban algo y pudieron pensar que esa era la única utilidad que podían darle. Ver: "La desmonetización de facto en un sólido forrado de Valentiniano I"

Monedas forradas/plateadas agujereadas
Holed coins

A la izquierda, denario forrado de Arekoratas (ceca berona del norte de Hispania, comienzos del siglo I a.C.) con un taladro central hecho para comprobar si era o no falso (forrado). Ciertamente descubrieron que era forrado, desecharon la moneda, digamos que la tiraron a la basura, y sin embargo por algún intrincado camino ha conseguido llegar hasta nuestros días.
A la derecha sextante republicano (12,1 g / 23 mm) acuñado en Roma por familia desconocida, entre los años 215-211 a.C. Destaca el inusual hecho de que el reverso está plateado pero el anverso no. En el centro de la moneda hay un orificio y el anverso tiene dibujadas una marcas que simulan rayos. Todas estas particularidades me inclinan a pensar que la moneda no era propiamente una falsificación, sino sirvió de adorno o amuleto en el pasado.

Moneda de oro con dos agujeros fantasmas
Holed coin

Quinario áureo de Augusto (3,90 g), acuñado en Lugdunum (7-8 d.C.). Los dos agujeros fueron hechos cuidadosamente en la antigüedad, seguramente para que la moneda sirviera de adorno cosida a las ropas. Pero más cuidadosamente han sido restaurados dichos agujeros en nuestros días, y de paso, también repararon el golpecito de la ceja. La moneda original fue vendida por CNG en el lote 859 de su subasta Triton XI (enero 2008) y meses después reapareció en el mercado al triple de precio, pero ya "arreglada" y sin agujeros.

Moneda de oro con dos agujeros
Holed coin

Esta moneda es de principios del siglo IV d.C. y pertenece a un importante reino de NE africano llamado Axum (18 mm y 2.65 g). Sus dos agujeros en la parte superior son típicos de las monedas extranjeras encontradas en la India en este periodo. Evidentemente debía de ser un signo de distinción el hecho de exhibir monedas tan exóticas (seguramente cosidas en las ropas).

Monedas con tres agujeros
Holed coins

El denario de Adriano de la izquierda y el follis de Fausta de la derecha son dos monedas romanas acuñadas con más de dos siglos de separación entre ellas y sin embargo presentan tres orificios similares, tres agujeros perfectamente realizados para dañar lo mínimo posible los motivos centrales. La moneda de Adriano es forrada, así que descubierto el engaño, parece que alguien trató de utilizarla al menos como adorno. Del mismo modo, diríase que el busto de Fausta fue exhibido (posiblemente cosido en alguna vestimenta), supongo que antes de su caída en desgracia ante su marido, el emperador Constantino Magno.

Monedas con cuatro agujeros
Holed coins

Shekel hispanocartaginés, acuñado a finales del siglo III a.C. en Carthago Nova (Hispania) y gran bronce provincial de Septimio Severo (193-211 d.C.), acuñado en Apameia (Frigia). Ambas monedas son de diferentes metales y se encuentran muy distantes tanto en el espacio como en el tiempo, pero tienen en común el que presentan cuatro agujeros cuidadosamente hechos, seguramente para no dañar los motivos y poder lucirlas cosidas en la ropa. Sin duda representaban algo muy especial para su poseedor.

Ver más información en: "Un tesoro de dishekels y shekels hispano-cartagineses hallado por Badajoz".

Durante la conquista de Coele Siria (202-198 a.C.), el rey seléucida Antíoco III estableció una colonia militar con soldados judíos en Apameia Kibotos (Frigia). Los colonos judíos identificaron entonces su nuevo hogar (cercano al monte Ararat), con el primer lugar de tierra firme en el que se posó el Arca de Noé y esta tradición llegó a ser tan importante para la identidad local, que en el siglo III d.C., Apameia Kibotos reflejó la historia del Arca de Noé en sus monedas de bronce. A la derecha vemos el Arca aún sobre el agua, con un pareja de personas dentro. Arriba están los dos pájaros que se enviaban a intervalos en busca de la tierra. A la izquierda, Noé y su esposa de pie, en tierra firme, levantando sus manos en oración, dando gracias a Dios por su liberación.

Ver más información en: "Coins Depicting Noah and the Biblical Flood Narrative", "Noah and the Ark on Ancient Coins" y "An Ancient Coin Depicts Noah’s Ark".

A la tercera va la vencida

Imitación céltica del denario de Augusto con el reverso Cayo y Lucio, acuñado a principios del siglo I d.C. (17-18 mm y 2 g). Alguien intentó hacer dos agujeros en el anverso (de manera cuidadosa para no dañar el bonito busto céltico) pero no lo logró. El tercer agujero se hizo en el reverso, de forma perfectamente centrada. Parece que deseaban colgar la moneda y a la tercera fue la vencida.

Moneda con múltiples agujeros, pero la mayoría sin completar

As ibérico de bronce acuñado en Kese (Hispania Citerior) a mediados del siglo II a.C.
¿Hubo algún motivo religioso? ¿fue por alguna superstición? o simplemente alguien trataba de mostrar a otro lo bien que estaba afilado su puñal. Pues no lo sé... lo único claro es todas las marcas son antiguas y están hechas en el anverso, parece que rotando algún objeto punzante.

Ejemplo de fíbula y otras monedas agujereadas
Holed coins

A la izquierda, tres monedas engarzadas en una fíbula, que pudieron servir de adorno o más posiblemente de improvisado "monedero", es decir para evitar su pérdida.
A la izquierda vemos varias monedas agujereadas, se trata de lepta y prutoh acuñados en Judea a lo largo del siglo I a.C. Algunas de estas monedas parecen tener agujeros hechos intencionadamente, pero la mayoría de ellas son simplemente acuñaciones descuidadas realizadas sobre flanes defectuosos.

Colgante con moneda griega de plata
Holed coin

Tetradracma de Atenas de mediados del siglo V a.C. que presenta un profundo corte de prueba y un agujero en el que engarzaron una trabajada anilla de plata. Parece claro que esta manipulación permitiría colgar la moneda y lucirla a modo de adorno o talismán. El conjunto pesa 22,60 g.

Este ejemplar se subastó en www.cngcoins.com como parte de un tesorillo de "hacksilber" en el que pueden observarse otros tres pendientes con este mismo tipo de anilla. Ver un estudio de dicho tesorillo realizado por D. Martínez y L. Amela.

Collares con monedas sardo-púnicas agujereadas
Holed coin

Ver artículo de Santiago Padrino Fernández: "Las monedas de los collares de la Colección Vives del MAN. La moneda en el ámbito funerario púnico ibicenco". Boletín del Museo Arqueológico Nacional 2016, volumen 34, pp.347-364.

En este trabajo se estudian los dos collares con monedas sardo-púnicas agujereadas que fueron hallados en las excavaciones de principios del siglo XX en la necrópolis ibicenca de Puig des Molins.

S. Padrino indica en su conclusión que: "La perforación permitiría a las monedas pender de collares con una evidente función ornamental. Sin embargo su engarce en los collares junto con objetos apotropaicos; la tendencia a seleccionar monedas cuyos tipos, en particular la efigie de Tanit, tuvieran una fuerte carga simbólica-religiosa; el cuidado en no profanar las representaciones de las diosas con los agujeros; y todo ello inmerso en el culto que hacia las diosas femeninas se procesaba en las sociedades púnicas del Mediterráneo occidental, permiten otorgar a estas monedas foráneas perforadas un componente religioso, que entrelazaría la función de adorno, amuleto y talismán con la devoción hacia las divinidades femeninas púnicas".

Collar con dos denarios agujereados
Holed coins

Collar romano de principios del siglo III d.C., fabricado con alambre cuadrado de plata torcida (14 x 15,5 cm), que conserva dos colgantes realizados con denarios de la dinastía Severa. Concretamente del emperador Septimio Severo y su hijo Geta como César.

En un principio puede parecer que los agujeros fueron efectuados sin excesivo cuidado, pero no es así. Resulta interesante observar que no se han dañado los bustos de ambos personajes ni tampoco los motivos del reverso, tarea no tan simple ya que el eje de acuñación de ambas monedas es distinto. Contrasta este esmero con los descuidados enganches y remaches, que más bien parecen obra de un aficionado que de un orfebre.

Dado que Geta murió meses después de acuñarse esta moneda, siendo asesinado por su propio hermano Caracalla y sufriendo la consiguiente "damnatio memoriae", parece que la prudencia obligara a esconder este collar, y tal vez por ello ha conseguido llegar hasta nuestros días.

Desconozco más detalles sobre este curioso collar ya que en la página web de Ancient Touch (que es donde estuvo a la venta) no se indica su procedencia u otras informaciones relevantes, simplemente lo catalogan como similar a los mostrados por Ruseva-Prokoska L. en :"Roman jewelry. A Collection of National Archaeological Museum-Sofia. 1991, cat. # 75, 91."

Monedas agujereadas con su anilla original
Holed coins

En la primera fila tenemos dos monedas: AE32 provincial del emperador Volusiano (251-253 d.C.), acuñado en Blaundus (Lydia), y un muy escaso follis de Constantino Magno acuñado en Constantinopolis (327-328 d.C.). Ambas monedas conservan su anilla original y parece que la primera fue agujerada para lucir su reverso, mientras que la segunda lo fue para mostrar el anverso.

Las cuatro monedas siguientes son seguramente pequeños bronces bajoimperiales (16-19 mm), que engarzaron de esta forma por alguna razón que desconozco.

Finalmente se muestran dos ejemplos más, un mediano bronce colonial romano del siglo II d.C. (¿Antonino Pío?) y una fracción de dirham emiral de al-Ándalus (siglos VIII-IX). Ambas monedas conservan también sus enganches originales.

Los dos primeros ejemplos parecen una clara demostración de que las monedas antiguas eran a veces utilizadas para proclamar la fidelidad a cierto emperador, o bien como amuletos, usándolas sus poseedores como adornos, como colgantes.

Pero ciertamente me es difícil comprender que monedas de bronce de tan bajo valor como las otras aquí mostradas, tan deterioradas, tan gastadas por el uso, fueran usadas como amuletos o adornos. Seguramente en estos casos hubo alguna otra razón, posiblemente fue por algún motivo religioso, tal vez relacionado con los ritos votivos o funerarios.

Tanto la fracción islámica como su anilla son de plata, por lo que los motivos pudieron ser diferentes. En este caso la argolla debe de ser casi tan pesada como la propia moneda partida, así que no lo veo demasiado claro que la misión del agujero y la anilla fuera simplemente facilitar el transporte de las monedas. Tampoco veo mucha lógica a que hubiera sido utilizada como un adorno (colgante, cosido a la ropa, etc.), al estar partida la moneda y tener una anilla tan gruesa. La hipótesis de "ajuste el peso" que podemos ver en ocasiones, también me parece algo improbable en esta pequeña fracción. No sé, tal fue era un simple forma de juntar "plata con plata" para realizar un pago.

Ver esta completa "Galería" y otras interesantes informaciones en: Doug Smith y Bill Welch


Monedas recortadas - Clipped coins

La costumbre de recortar las monedas no se extendió hasta mediados el siglo IV, si bien llegó a ser muy frecuente en el mundo medieval. Esta manipulación tenía normalmente el objetivo de ir haciendo acopio fraudulentamente de pequeños trocitos de metal noble, pero también pudo realizarse para convertir las monedas en algún tipo de adorno o amuleto. Pensar que pudieron hacerse estas manipulaciones con el objetivo de conseguir piezas más pequeñas (divisores), no parece tener mucho sentido, si bien es cierto que pudieron circular como tales..

De cara al coleccionismo, estos recortes deprecian las monedas grandemente y desde luego, restan belleza e interés a la pieza.

Moneda de plata recortada
Clipped coin

Denario republicano de la familia Marcia (134 a.C.). La moneda está bastante bien conservada, si bien ha perdido casi la mitad de su peso y tiene ahora solamente 2,5 g.
Este tipo de manipulaciones no son habituales en el periodo republicano. Pensar que redujeron la moneda para convertirla en quinario realmente no tiene mucho sentido, lo más probable es que intentaran conseguir algún tipo de adorno o amuleto.

Monedas de bronce recortadas
Clipped coins

Arriba, ases recortados de Octavio (Turiaso, 21 mm) y Nerón (Roma, 13-20 mm). Debajo, as de Tiberio (Calagurris, 12-13 mm) y centenional posiblemente de Constancio II (Treveri, 12-13 mm).

La moneda de Calagurris es tan excepcionalmente pequeña (12-13 mm) y está tan redondeada que no acierto a entender por qué pudieron hacer tal cosa, además los motivos elegidos no parecen lógicos. De todas formas, pienso que fue recortada, no creo que hubiera sido acuñada sobre un cospel de cuadrante, bien fuera por error o a modo de prueba, ya que la pieza resultante en esa caso debería haber tenido entre 14 y 16 mm. En la última moneda mostrada ocurre algo similar, tal vez la explicación para estos dos ejemplares sea que se trata de monedas partidas en cuatro trozos, que después se entretuvieron en redondear.

Lo más probable es que estas cuatro monedas fueran recortadas, presumiblemente en la antigüedad, tratando de convertirlas en algún tipo de adorno o amuleto, si bien lo cierto es que estos recortes no son habituales en los bronces de época antigua, ya que con ellos no se podían obtener metales nobles.

Monedas de plata recortadas
Clipped coins

Silicuas de finales del siglo IV: Valentiniano II (?) a la izquierda y Eugenio a la derecha. Estas monedas fueron recortadas hasta aproximadamente la mitad de su peso (ahora tienen 1,3 y 0,81 g respectivamente).
En esta época es habitual encontrar monedas de plata recortadas, parece que el poco grosor del flan de las silicuas facilitaba esta ilegal manipulación.

Monedas de oro recortadas
Clipped coins

A la izquierda, sólido recortado de Justiniano II (Constantinopla, 705-711 d.C.) de 4,17 g.
A la derecha, sólido de Romano III (Constantinopla, 1028-1034 d.C.) tremendamente recortado ya que pesa tan solo 1,47 g.
Es frecuente encontrar monedas bizantinas de oro recortadas, pero ejemplo mostrado de Romano III es singular. De hecho no existía ninguna moneda de oro tan pequeña en el siglo XI, por lo que en este caso no veo más explicación que su uso como adorno o talismán.


Ajustes de peso - Weight adjustments

En ciertos denarios republicanos se pueden encontrar unas características marcas que no parecen fruto de la casualidad, sino de haber sido producidas intencionalmente. Clive Stannard investigó 8.649 denarios republicanos encontrando un 1,34% de monedas con las típicas marcas producidas cuando con un buril redondeado (en forma de gubia) se arrancan pequeñas laminas del metal. Clive presentó su teoría en: "Metallurgy in Numismatics, Volume 3, pp. 45-70, London, 1993", indicando que esas características marcas eran el resultado de "ajustes de peso realizados en las propias cecas". (El artículo completo se encuentra disponible en la propia web de Clive Stannard y también puede verse resumido en la estupenda web de Andrew Mc.Cabe).

Personalmente se me hace difícil imaginar a los operarios de las cecas haciendo este tipo de manejos después de haber finalizado las acuñaciones. Su tarea era obtener un determinado número de monedas por libra de peso y logrado ese objetivo no debía de tener mucho sentido el andar de nuevo pesando las piezas. Por ello me parece más probable que estar manipulaciones fueran realizadas por los cambistas (nummularii). En las monedas antiguas es frecuente ver marcas, punzonados y cortes de prueba, que eran llevadas a cabo por los cambistas precisamente para averiguar la composición de la moneda, descubriendo así las monedas forradas que debían ser retirarlas de la circulación. No es de extrañar que, al observar que una moneda sobrepasaba el peso, ellos mismos procedieran a rebajarlo para conseguir unas virutas de plata que aumentaran sus ganancias. Otra posibilidad sería que fueran los propios ciudadanos los encargados de esas sisas, pero la regularidad de las marcas indica que fueron siempre efectuadas con un instrumento parecido, lo que me hacen descartar tal opción.

El caso contrario, es decir, el tratar de amentar el peso de una moneda, también puede observarse en la numismática antigua. En las monedas mostradas a continuación podemos ver como pequeñas porciones de oro eran remachadas en un agujero para conseguir tal fin. En todo caso, esta práctica es algo anecdótica, estos ejemplares son monedas de imitación emitidas lejos de Roma, en territorios de la actual India, en dónde era frecuente agujerear las monedas para lucirlas como colgantes, con lo que se perdía peso. Por ello se piensa que, para reincorporarlas a la circulación, debían de rellenar alguno de dichos agujeros con pequeñas porciones del metal adecuado.

Este tipo de manipulaciones deprecian mucho las monedas de cara al coleccionismo, por lo que solo tienen interés para los estudiosos de los errores o las curiosidades.

Ajuste de peso (para rebajarlo)
Weight adjustment

Tres denarios republicanos acuñados en Roma. A la izquierda gens Tituria (4,07 g, 89 a.C.), en el centro gens Julia (3,84 g, 85 a.C.), y a la derecha gens Claudia (3,92 g, 79 a.C.).
Las tres monedas presentan las marcas características producidas como resultado de un "ajuste de peso". Parece claro que alguien extrajo unas virutas de plata con un instrumento curvo, posiblemente algún nummulari observó cierto exceso de peso y se aprovechó de la situación. Ver otros ejemplos: 1 - 2.

Ajuste de peso (para aumentarlo)
Weight adjustment

Tanto la moneda de Septimio Severo (7,79 g) de la izquierda, como la de Caracalla (7,72 g) de la derecha son dos imitaciones orientales, dos monedas de oro emitidas en los lejanos territorios del subcontinente indio, con el peso y aspecto del áureo romano, sin duda para facilitar el comercio entre las dos culturas.
Las dos monedas presentan tres agujeros, pero en ambos casos uno de ellos está tapado por una especie de remache de oro, al objeto de aumentar su peso.