Introducción a la numismática
de "Iberia - Hispania - Spania"
 

Apuntes numismáticos e históricos de "Iberia - Hispania - Spania",
desde mediados del siglo V a.C. hasta principios del VIII d.C.

 


 

Llamada por griegos Iberia, posiblemente en alusión al río Iber (el actual Ebro), Hispania es el nombre por el que los romanos conocieron a la península Ibérica, es decir, a los actuales territorios de España y Portugal.

Roma prefirió la palabra Hispania, que etimológicamente podría significar "tierra de conejos" (ver Wikipedia), al derivar de una voz fenicia alusiva a esta característica zoológica que tenían nuestras tierras en la antigüedad. La nueva denominación pervivió más allá del fin del Imperio Romano y por evolución lingüística fue transformándose, primero en Spania y después en España.

Las corrientes colonizadoras griegas, fenicias, púnicas y cartaginesas, unidas a una población indígena difícil de precisar, fruto de las anteriores migraciones celtas y de otros pueblos indoeuropeos, forman la extraordinaria diversidad de aquella Iberia prerromana. La parte oriental de la península la ocupaban pueblos indígenas diversos (ilergetes, edetanos, sedetanos, etc.) que tomaron el nombre del río Iber (Ebro) y llamamos genéricamente iberos; el norte y suroeste estaba habitado por pueblos de origen celta (cántabros, vacceos, lusitanos, etc.), mientras que el área del alto Duero y sistema Ibérico estaba habitada por los denominados "celtas de iberia" es decir, las tribus celtíberas (arevacos, lusones, belos, etc.). Los vascones en el Pirineo occidental (pueblo de origen desconocido) y los adelantados indígenas del sur (oretanos, turdetanos, túrdulos, etc., herederos de la mítica Tartesos), completaban el mosaico racial, que Roma sin duda unificó.

El invento de la moneda tuvo lugar en Lidia, península de Anatolia, a mediados del siglo VII, pero tardó un par de siglos en llegar a Hispania (ver mapa de la expansión de la moneda en el Mediterráneo). Emporion, en el sur del golfo de Rosas, fundada hacia el año 600 a.C. por navegantes focenses, y Rhode, situada al otro lado del mismo golfo, fueron las cecas encargadas de suministrar moneda para la colonización griega de nuestras costas orientales. Su primeras emisiones son monedas fraccionarias que datan de mediados o finales del siglo V a.C. y convierten a Emporion en la ceca más antigua de la península Ibérica.

Después de la temprana fundación de Gadir (Cádiz) sobre el año 1100 a.C., los fenicios, griegos y cartagineses establecieron importantes colonias en la costas de la península Ibérica para intentar dominar el tráfico marítimo y el comercio, pero parece que no profundizaron en sus conquistas, manteniéndose siempre cercanos a la costa. Las primeras emisiones feno-púnicas se realizaron desde Ebusus (desde finales del s. IV a.C.) y Gadir (alrededor del 300-237 a.C.).

Desde Después del desastre de la primera guerra púnica, en 237 a.C., el cartaginés Amílcar Barca desembarcó en Gadir y desarrolló una base de poder en Hispania estableciendo la dinastía bárcida o bárquida. Asesinado su sucesor Asdrúbal (en 221 a.C.), Aníbal subió al poder y tomó la ciudad de Arse (Sagunto) desencadenado la Segunda Guerra Púnica. Con el apoyo de muchos nativos (Aníbal se había casado con la hija de un reyezuelo de Castulo) marchó desde Hispania hacia Italia, logrando atravesar los Alpes y poner cerco a Roma.

Escipión el Africano aprovechó la ausencia de Aníbal para avanzar sobre Hispania e incluso, para marchar hacia Carthago. En el 202 a.C., con la batalla de Zama, finalizó la Segunda Guerra Púnica, que estableció para los siglos venideros la supremacía romana del Mediterráneo. El final de la Segunda Guerra Púnica supuso una relativa ruptura en la marcha de las acuñaciones monetales griegas y feno-púnicas de la península. Con los comienzos de la organización de Hispania por los romanos y su división en dos Provincias (Citerior y Ulterior) algunos de los pueblos peninsulares se suman a la emisión de moneda y el número de cecas aumenta grandemente. Las ciudades ibéricas de Iltirta y Arse, empezaron a acuñar moneda a finales del siglo III a.C., imitando la que mejor conocían, las dracmas y los divisores de Emporion, constituyendo la escasa amonedación ibérica prerromana.

Contrariamente a la independencia sin unidad de los pueblos prerromanos de Iberia, la Hispania romana se caracterizó por la unidad sin independencia. Roma hizo de la península una parte de su Imperio acabando con la anterior diversidad de tribus, no sin grandes dificultades, ya que tardó dos siglos en dominar la península. Durante ese tiempo, los romanos tuvieron que superar resistencias heroicas por parte de lusitanos (comandados por Viriato), de arévacos en el histórico sitio de Numancia (143-133 a.C.) y también, comportamientos indómitos y escurridizos, como los de astures y cántabros en las Guerras Cántabras que tuvieron lugar entre los años 29 y 19 a.C.

Inicialmente dividida en dos provincias: Hispania Citerior (la más cercana geográficamente a Roma, que comprendía el centro, este y noreste peninsulares) e Hispania Ulterior (la más alejada de la metrópoli), desde el desembarco en Ampurias de Cneo Escipión (218 a.C.) hasta la llegada de Augusto, no se cambió esta división de Citerior y Ulterior, excepto en los límites geográficos que se iban acrecentando poco a poco, como resultado de las conquistas.

Ningún otro país mediterráneo proporcionó la gran variedad étnica y la enorme cantidad de ciudades acuñadoras que ofreció la antigua Hispania a los romanos. Roma no parece que intentara centralizar las cecas durante los primeros tiempos republicanos, manteniendo alrededor de 200 de ellas en funcionamiento y respetando su señas de identidad al permitir utilizar los alfabetos e iconografía indígenas.

Los romanos en su conquista, encontraron en Hispania un gran mosaico de pueblos con distintos orígenes y estructuras sociales, políticas y religiosas. La amonedación durante esta época republicana en las dos provincias no se comportó de un modo homogéneo ni uniforme. La Ulterior tuvo una total libertad para elegir sus tipos y su escritura pero en cambio no acuñó plata, emitiendo solamente moneda de bronce y plomos monetiformes, mientras que en la Citerior la uniformidad de tipos es mayor (cabeza varonil y jinete ibérico) y se acuñaron gran cantidad de denarios con el supuesto objetivo de pagar impuestos y sufragar gastos militares.

Hispania fue también escenario de luchas internas entre romanos, la rebelión de Sertorio y las Guerras civiles entre Pompeyo y César, dan prueba de la importancia de estos territorios para el naciente Imperio Romano. Para hacer frente a los gastos, se usarían cecas militares móviles en estos periodos.

Finalizadas las guerras sertorianas el panorama cambió totalmente, la derrota de Sertorio y la pacificación de 72 a.C., no solamente supuso el final del denario ibérico, las acuñaciones latinas crecieron y los talleres redujeron drásticamente sus emisiones o desaparecieron como tales cecas, siendo reconvertidas tan solo algunas de ellas en provinciales romanas. La escritura ibérica y la imagen del jinete dejarían sitio a la escritura latina y los emblemas metropolitanos. La actividad monetal en general, que tenía un carácter marcadamente local, debió concluir en su mayor parte en el primer tercio del siglo I a.C.

En el 27 a.C., Augusto dividió la Ulterior en dos nuevas provincias (Lusitania y Baetica), llamando Tarraconensis a la Citerior. El emperador Caracalla a comienzos del siglo III desgajó de la Tarraconensis la provincia Hispania Nova Citerior Antoniniana -futura Gallaecia-, que comprendía el noroeste peninsular.

Con la reforma monetaria de Augusto desaparecieron otros talleres monetales (si bien se crearon otros) y con Calígula (39-40 d.C.) cerraron todas las cecas hispanas y podemos decir que finaliza el largo y variado periodo de la romanización monetaria. Las emisiones posteriores de mediados del siglo I d.C. (Claudio en Ebusus y Galba, Vitelio y Vespasiano en Tarraco) y las tardías del usurpador Máximo en Barcino a principios del siglo V d.C., constituyen simples excepciones y son el más notable intento de pervivencia de unas cecas que, desde Calígula hasta la llegada de suevos y visigodos, no volverían a emitir moneda.

El emperador Diocleciano, a principios del siglo IV, creó la Carthaginensis (centro y sureste peninsulares, más las islas Baleares) dividiendo también la Tarraconensis. A fines del siglo IV las Baleares pasaron a ser provincia insular llamándose Balearica. Por otro lado, el norte de África fue englobado en ese siglo como parte de Hispania con el nombre de Mauritania Tingitana, con capital en Tingis (actual Tánger).

Consecuencia de todo ello, en el siglo V Hispania se componía de siete provincias romanas, pero las invasiones bárbaras de principios de este siglo dieron paso a una nueva época. El último día del año 406, suevos, vándalos y alanos cruzaron el Rin, derrotaron a los francos e invadieron el imperio romano. Después de devastar las Galias, gran parte de estos pueblos bárbaros cruzaron los Pirineos (409) para invadir Hispania. Los suevos y vándalos asdingos ocuparon el noroeste de la península, en el centro se asentaron los alanos y la zona meridional quedó bajo dominio de los vándalos silingos.

Veinte años después de llegar a la península, en 429, el rey vándalo Genserico decidió cruzar el estrecho para invadir el norte de África. Nunca regresarían, terminando así la aventura vándala en Hispania. No se conocen acuñaciones vándalas en Hispania, estas se efectuaron siempre en territorio africano y comenzaron después de recibir de Valentiniano III su tratado como foederati (Numidia, 435), finalizando un siglo después, con la caída de su reino a manos del general bizantino Belisario (533-4).

La historia hispana de los alanos es aún más corta, el jefe visigodo Valia, cumpliendo las ordenes de Honorio, atravesó los Pirineos en 417 y pronto acabó con ellos, los pocos alanos que pudieron haber quedado fueron absorbidos por los vándalos. No se conocen acuñaciones de los alanos, ni en Hispania, ni en ningún otro lugar.

A mediados del siglo V los suevos tomaron importantes plazas del sur, como Emerita o Ispali, pero cuando su rey Requiario avanzó hacia la Tarraconensis, motivó la inmediata intervención del visigodo Teodorico II, quien derrotó, capturó y dio muerte a dicho rey (455) y restauró las fronteras iniciales, replegado a los suevos hacia sus primitivos territorios de Gallaecia. Tras un siglo oscuro, del que tenemos pocos datos, el rey visigodo Leovigildo acabó con toda resistencia sueva en 585-6. El reino suevo no llegó a cumplir los dos siglos de existencia. Sus acuñaciones en Gallaecia fueron escasas, desde cecas inciertas y normalmente en oro (c. 435-c. 586), siendo la mayoría seudoimperiales (a nombre del emperador del momento).

Tras la gran derrota visigoda en la batalla de Vouillé (507), el pueblo franco afianzó sus posesiones en las Galias, mientras que el visigodo mantuvo solamente un estrecha franja en el Mediterráneo (la provincia Narbonensis). Perdido el reino de Tolosa, los visigodos se vieron obligados a trasladarse a Hispania, donde medio siglo después fundaron el Reino de Toledo, si bien tardarían aún muchos años en unificar toda la península Ibérica bajo su mando. Por el norte tuvieron que someter a suevos, astures, cantabros y vascones, además de rechazar la invasiones de los francos, mientras que por el sur y sureste los bizantinos habían formado su propia provincia (a la que llamaron Spania).

En Ispali (549) un noble visigodo llamado Atanagildo se rebeló contra el rey Agila desencadenando una situación de guerra civil. Atanagildo pidió ayuda a los bizantinos y consiguió su propósito de obtener el trono visigodo, pero abrió la puerta a la política expansionista del emperador Justiniano I. Entre 552 y 554 las tropas de Bizancio desembarcaron en Gades y Carthago Nova ocupando gran parte de la Baetica y la Carthaginensis, teniendo que ser detenidos por el propio Atanagildo, quien en 555 había logrado controlar el poder, después del asesinato de Agila.

Bizancio estableció en el SE de Hispania una provincia a la que llamó Spania (ver mapa) con su capital en Carthago Spartaria (o Spartia, la anterior Carthago Nova), provincia que cambiaría sus fronteras continuamente debido a las ininterrumpidas campañas visigodas. En 624 el rey visigodo Suintila consigue que los bizantinos abandonen definitivamente la península por lo que los visigodos consiguieron dominar territorialmente toda la península. Hay quien ve en este reino de Toledo el germen de lo que muchos siglos después sería España. .

La amonedación bizantina en la península Ibérica se limita a los escasos trémisis que se emitieron a nombre de los emperadores: Justiniano, Justino II, Mauricio Tiberio, Focas y Heraclio, no siendo seguro que acuñaran en bronce.

Las primeras acuñaciones visigodas son normalmente en oro (sólidos y trémisis) y se emiten a nombre del emperador bizantino correspondiente (Anastasio, Justino I, Justiniano I y Justino II) pero sería Leovigildo el verdadero fundador de la moneda propia de este reino. Hacia el año 575, Leovigildo incluye su nombre en el reverso de las monedas, mientras en el anverso continuaba el del emperador bizantino, luego emite monedas con leyendas ilegibles, para finalizar incluyendo su nombre y efigie en el anverso, indicando la ceca en el reverso y borrando todo vestigio imperial, esto es creando una nueva moneda: el triente visigodo. Esta nueva moneda fue acuñada ininterrumpidamente en Hispania y la Narbonensis, hasta total a pérdida del reino (c.714).

Con su derrota en Guadalete (711), los visigodos abrieron las puertas de la península a la rápida expansión del Islam, y ese es el momento elegido para la finalización de este pequeño estudio, que abarca desde las primeras acuñaciones griegas hasta las últimas acuñaciones visigodas.

 


  Resumen 

Griegos en el golfo de Rosas; fenicios en las costas del sur y en la isla de Ibiza; púnicos a lo largo del Guadalquivir; cartagineses en Carthago Nova y otras zonas inciertas; celtíberos en el sistema Ibérico fundamentalmente, íberos en el Ebro y en todo el levante peninsular; berones y vascones en algunas zonas del norte; oretanos, bastetanos y turdetanos en casi todo el sur; romanos y visigodos en la mayor parte del territorio de Hispania, suevos en Gallaecia, bizantinos en el reconquistado sur, y algunos otros pueblos de menor importancia, conforman la larga relación de culturas antiguas que acuñaron moneda en la península Ibérica y sus zonas de influencia, durante el periodo comprendido entre las primeras emisiones griegas de mediados del siglo V a.C. y la llegada del Islam en los principios del siglo VIII.

Durante casi doce siglos, alrededor de 350 cecas cubrieron los territorios de la península Ibérica e islas Baleares, acuñando en los cuatro metales fundamentales (Au, Ag, Cu y Pb) y sus aleaciones, utilizando seis alfabetos distintos ( y mostrando muy diversa iconografía.

Incluso fuera de la península Ibérica, en Las Galias, algunos pueblos célticos acuñaron con tipología y caracteres ibéricos, sin embargo desconocemos porqué no acuñó moneda en la antigüedad todo el cuadrante del NO peninsular y gran parte de la Lusitania, zonas habitadas por pueblos de origen celta (galaicos, astures, cántabros, vacceos, lusitanos y vettones) que debieron esperar a la llegada de suevos y visigodos para disponer de cecas propias, resultando la paradoja de que algunos lugares que poseyeron cecas eran simples aldeas y sin embargo, auténticas ciudades como Palantia, Intercatia, Bracara o Asturica no tuvieron ningún taller monetal en la antigüedad.

¿Quieres tener siempre a mano el alfabeto ibérico?

 

  Notas del autor 

Desde enero de 2002, figuraba en Tesorillo.com una sección titulada "Generalidades de la Numismática de Hispania Antigua", que lógicamente, al estar en nuestro idioma y hablar de nuestra antigua tierra, era uno de los apartados más visitados de esta web. Algunos años después, la información disponible en Internet sobre el tema tampoco había crecido tanto como hubiera cabido esperar, por lo que me decidí a ampliar dicho apartado, presentando en julio de 2010 una versión ampliamente revisada, en la que incluí las amonedaciones de la denominada "Antigüedad Tardía".

Los cambios fueron tales que incluso ahora el título es otro: "Las Monedas de Iberia - Hispania - Spania", para dar a entender que se abarcan los principales aspectos numismáticos desde las primeras acuñaciones griegas en nuestra Península, hasta las últimas monedas visigodas.

 En marzo de 2015 he revisado de nuevo esta sección, tratando de incluir las últimas investigaciones. Sin embargo, y aunque suelo consultar varias fuentes, no puedo garantizar la exactitud de los contenidos. Este trabajo no deja de ser simplemente divulgativo.

Los textos son originales, basándome fundamentalmente en los libros y artículos mostrados en el apartado de "Bibliografía".

Las imágenes de las monedas de este trabajo han sido recopiladas de diversos dominios públicos de Internet. Para más detalles, ver la política de "Copyright" en donde se indica que dado el carácter abierto de este medio y sobre todo, debido al perfil divulgativo y no comercial de Tesorillo.com, no en todas las ocasiones hemos pedido individualmente el correspondiente permiso. En todo caso, vaya por delante mi público agradecimiento a:

  • www.coinarchives.com
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  • www.cngcoins.com
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  • Coleccionista anónimo citado como "AAA FF"
  • Por último, tal y como se indica en la descripción de Tesorillo.com, debo insistir en que este es un sitio-web divulgativo, que no comprende ninguna colección concreta, y que tampoco es una web comercial. Las monedas aquí mostradas no obran en mi poder y lógicamente no están a la venta. Por lo tanto, por favor, absténganse de enviarme peticiones de valoración y/o de compraventa. ¡Gracias!

    Madrid (España), enero de 2002  
    (Última revisión: marzo de 2015) - mapila    

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